El tabaquismo es uno de los hábitos más perjudiciales para nuestra salud.

 

Dentro de los numerosos peligros relacionados con el tabaco, muchos afectan nuestra salud bucal.

 

Más allá de los efectos que puedan apreciarse a simple vista, como la pérdida del color natural, halitosis, y aparición de manchas, existe una larga lista de enfermedades y consecuencias que nuestros ojos no ven.

 

  • La disminución del riego sanguíneo en las encías reduciendo la capacidad de respuesta ante posibles infecciones. Por ello el tabaco puede enmascarar la enfermedad de las encías y permitir que ésta vaya avanzando sin que la detectemos con tiempo.

 

  • El menor nivel de defensas dificulta la cicatrización de las heridas de la boca, lo que favorece la aparición de infecciones tras heridas accidentales o producidas durante intervenciones.

 

  • Se altera la composición de la placa bacteriana, que se vuelve más patógena (propensa a causar infecciones). La alteración de la microbiota bacteriano y del riego sanguíneo no sólo facilitan la aparición de infecciones, sino que complican su tratamiento y postoperatorio, agudizan el dolor y ralentizan la recuperación de los tejidos.

 

  • Está demostrado que los fumadores tienen muchas más probabilidades de sufrir enfermedades infecciosas como la periodontitis: patología que conlleva la destrucción de los tejidos de soporte de los dientes y puede provocar incluso la pérdida de       los estos. O la candidiasis oral: infección por el hongo cándida. Dejar de fumar frena el avance de estas enfermedades.

 

  • Las membranas de la mucosa oral se irritan y favorecen la aparición de lesiones y úlceras de la mucosa.

 

  • La leucoplasia o precáncer oral es una lesión de la mucosa oral y una de las enfermedades más peligrosas. Ya que en el 10% de los casos preceden al cáncer oral. Los fumadores tienen un riesgo mucho mayor de padecerla y abandonar el tabaco favorece la regresión e incluso la desaparición de la enfermedad.

 

  • Casi el 80% de los casos de cáncer oral se deben al tabaco. Su tardío diagnóstico provoca la muerte de uno de cada cuatro pacientes afectados.

Ante estos graves problemas, el mejor tratamiento es dejar de fumar.

 

Pero si eres fumador y te es difícil dejarlo, puedes extremar las precauciones.
 
Como por ejemplo aumenta el número de visitas a tu dentista y mantén una cuidadosa higiene bucal con productos que ayuden a combatir el envejecimiento bucal producido por la aparición de radicales libres que favorece el tabaco.

 

 

Complementa esta higiene diaria con sedas y cintas dentales y colutorios para intentar reducir el riesgo de infecciones. Refuerza tus defensas realizando ejercicio regular y llevando una alimentación equilibrada rica en vitaminas. 

 

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